La soledad no es buena. Y menos en la guerra. Ésta es la tercer noche que permanezco en vela. Quizás no pueda dormir por los nervios, tal vez sea ésta llovizna constante que golpea mis hombros como pidiéndome que abandone. ¿Será el hambre? ¿El frío? ¿O será el hecho de que tarde o temprano tendré que cargar con una muerte sobre mis hombros? Mi primer muerto.
Sólo puedo escuchar el estruendo lejano de las bombas, difícilmente puedo oír a mi conciencia, que me pide que aborte la misión y vuelva a mi hogar, para estar junto con mi mujer y mis dos hijos. En ésta guerra sólo cuento con la compañía de mi fusil, ya no sé donde termina mi cuerpo y comienza el FAL. Y eso me perturba. Me perturba el hecho de no saber cómo reaccionar en el momento adecuado. No creo estar apto para poder disparar. Para aceptar las consecuencias. Temo perder el control sobre mi mismo. No quiero morir; no aún. ¡Tengo tanto por qué vivir!
A lo lejos logro visualizar mi objetivo, por fin lo veo, debe estar a unos
Respiro profundo, me encomiendo a Dios y aprieto el gatillo. Un sólo disparo es suficiente para volarle la tapa de los sesos. Vuelvo a respirar profundamente y caigo tendido al pasto, me saco el casco y me atrevo a sentir la lluvia sobre mi rostro. A decir verdad no me siento liberado; estoy perturbado, siento un nudo en la garganta. Una angustia en pecho. Ahora lo sé, es culpa. La culpa por decidir sobre la vida de otra persona.
Hoy se cumplen tres días desde que lo maté. No sé su nombre, ni su historia. ¿Podré encontrar sosiego? Sigo sin dormir y sin comer. Las bombas no cesan de caer. El frío y el hambre no me dejan pensar con claridad. ¡Estoy tan solo! Necesito hablar con alguien. Nunca estuve acostumbrado a la soledad. Le rezo a Dios para que esto se acabe. Necesito que se termine; pero al contrario: La guerra acaba de comenzar.
La desesperación crece, no encuentro paz. Sólo puedo pensar en el suicidio, siento como aquél soldado reclama por mí vida. A veces lo veo frente a mí, ensangrentado, mirándome fijo a los ojos, como dándome coraje para terminar con ésta tortura, como alcanzándome las balas para acabar con mi vida.
Es una noche perfecta, ya no llueve y la luna está sobre mí. Tengo el fusil cargado, mi uniforme está limpio. Mi conciencia manchada. Pienso en mi familia, le pido a Dios y
Se terminó el juego, me quedé sin tiempo en el cyber. Voy a tener que volver mañana a seguir jugando al Call Of Duty. Vuelvo a casa pensando en todos los héroes de guerra, olvidados, anónimos, humillados, bastardeados. Que jodida es la guerra.
Me agrado mucho el final, sorpresivo y gracioso. Este no lo borras seguro
ResponderEliminarhoy volvi a leer ese final, es realmente malo
ResponderEliminarjajaja gracias mota
ResponderEliminarte prometo que no fui yo.
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