jueves, 26 de noviembre de 2009

Sabiduría paternal.

Ya lo decía el doctor Socolinsky en su anual monologo de sobremesa de Navidad: "los niños son curiosos".

Es parte del proceso de desarrollo humano. Una vez desarrolladas las actividades esenciales para la supervivencia (caminar, hablar, hacer bolas de moco, etc.), el infante debe llenar el hueco en el cerebro que quedo tras reprimir el hecho de que, durante varios meses de su vida, succionó el pecho de su madre en búsqueda de leche.

Lleno de preguntas, y desconociendo la existencia de Wikipedia, solo encuentra un lugar lógico donde satisfacerlas, su padre.

El padre. Esa suerte de superhéroe con bigote y semi-pelado que todo lo puede, cuyas únicas debilidades conocidas son la humedad, la abuela materna, y las medialunas de manteca. El hijo le pregunta a aquel que todo lo debe saber.

Pero existe una posibilidad incomoda, ¿y si el padre tampoco sabe la respuesta?

Esto último le ocurrió a un amigo que vamos a llamar Cleto por respeto a su intimidad. Por la intimidad, y porque Cleto es un nombre mucho mas entretenido que Juan P. Gómez.

Hace un tiempo una salida titulada 'noche de gordas', las sobras de champagne y Uvita Fiesta de navidad, y una bolsa de Coto improvisando un nuevo rol, convirtieron a Cleto en un padre prematuro, sin vello facial ni muchos más meritos que una gran colección de canicas, y el titulo de campeón vitalicio de la 'noche de gordas'.

Cleto nunca se destaco por su erudición, y su segundo gran temor era no estar preparado para satisfacer los cuestionamientos de su hijo (su primer gran temor eran los mimos).

Cuando finalmente su hijo alcanzo esa edad curiosa, y formuló la primera pregunta, Cleto recordó a su padre. Tantas veces siendo niño él había recurrido a su padre en busca de conocimientos. Y siempre se retiraba orgulloso, no tanto por lo que aprendía, sino por saber que su progenitor era un gran sabio, que nunca lo dejaba sin respuesta.

En ese momento se dio cuenta de la verdad. Su padre siempre había respondido, aunque sus preguntas abarcaran temas que iban desde los colores del arco iris hasta la teoría cuántica de campos. Y por mucho que lo quería tenía que admitirlo, su papá podría saber mucho de la teoría cuántica de campos, pero de los colores del arco iris no sabía nada, era daltónico.

Lo que su padre si sabía era que admitir su ignorancia habría sido una decepción para Cleto. Y por eso decidía responder siempre, y si no sabía, improvisaba (que es como mentir, pero mas canchero). Y él haría lo mismo.

Emocionado, Cleto respondió a la pregunta de su hijo ("¿Por qué las vacas vuelan?") con una teoría que implicaba la liviandad de sus huesos, las leyes de la aerodinámica, el número pi y la fuerza gravitatoria de la Luna, porque aunque no supiera la respuesta, su hijo merecía un padre sabio.

Mas tarde se dio cuenta que las vacas no vuelan, y temió que su hijo tuviese algún retraso mental, o que hubiese descubierto el cajón de las drogas. Pero ese es otro tema.

El instinto paternal de contestar cualquier pregunta de un hijo es un hecho histórico. De las respuestas podrán surgir grandes mentiras (caso de Cleto), o incluso, llegar a grandes conclusiones. Como aquella vez que el hijo de Albert Einstein le pregunto a su papá "¿por qué la percepción del espacio y el tiempo depende del estado del movimiento del observador?", y mientras Albert divagaba una respuesta surgió la teoría de la relatividad. También surgió un chiste, cuando un transeúnte que escucho la respuesta le dijo "lo felicito, su esposa tiene un gran físico". Después de romper la nariz de este hombre (no solo era un gran físico, también era experto en kung fu), entendió que era una broma (pues su esposa no tenía un gran físico, siempre fue algo ancha de caderas). Pero las habilidades marciales de Albert y el físico de su esposa también son otro tema.

El punto es que un niño siempre merece una respuesta, y un padre siempre debe estar preparado para contestar algo.

Por lo menos hasta que nazcan con Google incorporado.

Rodrigo Arias

3 comentarios:

  1. es cierto, siempre que un padre contesta, es como superman
    lastima qe no vuela

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  2. Ya casi te digo, eh. Mi sobrinita a los cinco (dos años atrás) me llamó por primera vez para pedirme la dirección de un sitio de jueguitos para nenas (ENCIMA! yo empecé "dressup..." y ella interrumpe "tía, te olvidaste de www").

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